ALMA BOHEMIA, LITERATURA Y LIBERTAD
La casa museo Fernando González Otra parte, es un lugar vivido por la
gente de diversas maneras, cada quien desde su punto de vista. Algunas personas
lo visitan para ir a leer, otras por el ver cine, presenciar entrevistas,
conocer la vida y obra de Fernando González, visitar el café, en el cual se
puede compartir con amigos o familiares una deliciosa comida, un café o un buen
licor; o simplemente visitan el lugar para conocerlo y ambientarse con muy
buena energía de alrededores verdes. Esto supuso una vinculación entre el arte
y lo cotidiano algo que solo podría observarse mediante una experiencia
estética en si denominada; la vida misma.
Ésta aseveración comprueba lo que decía Katya Mandoki en el Fetiche del
Arte:
“Pero,
insisto, no es el arte, ni la obra o la forma lo que expresa, sino el artista,
igual que no es el lenguaje el que significa sino el sujeto que lo articula. El
arte no es expresión de emociones; es el espectador quien percibe e interpreta
una expresión de emociones y genera otras a partir de su experiencia con tal
objeto (Mandoki, 1994, p. 30-32)
Cada persona tiene su experiencia personal en el espacio, dado que lo
que Andrea Cuartas González experimenta al visitarlo, no es lo mismo que las
demás compañeras, ni las demás personas que lo visitan diariamente .Es una
perspectiva muy individual y personal tal como en 1994 Mandoki afirmaba: “que
no es el objeto el que es expresa sino el sujeto el que percibe las emociones,
pero emociones muy personales”.
La visita a la casa museo Otra parte como experiencia estética nos lleva
también hacia el fetiche del objeto estético, debido a que todo lo que nos
rodea nos produce una sensibilidad que es solo consecuencia de la relación
subjetiva que un sujeto establece con su
objeto estético porque interactuamos con la sensibilidad del objeto. Tal como
lo afirma Dufrenne:” por experiencia estética se referiría a la del espectador
y no a la del artista, aunque exista en ambos”
Al adentrarnos al maravilloso mundo que se conjuga dentro de sí, una
pasividad y tranquilidad rodeada de un mundo inmerso en el caos como lo es la
ciudad, percibimos nosotros como seres humanos sensaciones inexplicables vividas
por nuestros cinco sentidos; donde se hace presente el miedo al psicologismo,
donde sentimos placer y por esas relaciones emotivas que nos hacen sentir un
apego hacia el objeto estético. Por consiguiente se desmiente el mito del
distanciamiento estético debido que al transcurrir las horas asentadas en este
paraíso por nuestra mente solo pasan recuerdos de nuestra casa un espacio de
hostilidad, hogareño y acogedor donde tenemos es más una percepción de
acercamiento, tal sensación nos lleva a Kant el cual afirma que: “cuando nos
acercamos mucho al objetivo lo perdemos de vista” esto en presencia de nuestro
sentimiento se desmentiría fácilmente.
Durante el recorrido, sobresale la distinción de los diferentes espacios
que a vista de nuestros ojos podemos presenciar cada uno de ellos llevándonos a
un mundo diferente basados en recrear la vida y obra del maestro Fernando
González. Su habitación iluminada como un rayo que pasa tras su esplendorosa
ventana de colores envuelta en una silueta rustica, donde posado en una mesa se
despliega su más grande tesoro, su máquina de escribir, y donde encubiertos por
un vidrio que traspasa lado a lado, quedan la recopilación de sus memorias, sin
embargo para una persona con actitud critica en el contexto occidental, esto
suscita una contundente exaltación a la fealdad que toca con lo terrorífico,
vil y criminal y que en el sujeto suscita y/o desata cierta repulsión, debido a
la ausencia de esas características fundamentales que han regido la sociedad como,
proporción, armonía y simetría. Al proseguir el recorrido de otra manera mas
explicita se llega a lo que en un significado cultural se denomina parqueadero
un lugar de receso para los automóviles que por el contrario, en el objeto
estético, no se visualiza ni utiliza de la misma manera ya que allí se utiliza
como un espacio para guardar o recoger en sí los desechos o los objetos que hicieron
parte del museo; y que dentro de sí, interactúan como si fueran dos espacios
totalmente diferentes, tales como el
bien y el mal; o lo bello y lo feo. En éste se hace presente una fealdad formal
como la define Rosenkranz: “Advierte un desequilibrio pero en nosotros no
implica necesariamente pasiones o sentimientos”.
Por consiguiente, se desafía la belleza formal que representada en el
objeto estético denota un orden especial en sus caracteres, todo lleva una
relación entre sí y los objetos de igual manera representan un recorrido
marcado y vivido por Fernando González y donde el sujeto estético se prepara
para observar y contemplar el arte.
Un olor a café se esparce dentro del aire más recóndito y misterioso, un
aire de frescura conlleva a un oasis en
medio de un ambiente de cemento del objeto estético, que implica una
sensibilidad frente a ésta en relación con algo o alguien que está presente
desde el primer momento hasta el último que dejamos de percibirlo. La sensación
de hospitalidad, inseguridad y peligro se hacen presentes al mismo tiempo que
el enorgullecerse y sentirse feliz por haber estado allí.
La mayor certeza del “Miedo a tocar con lo indeseable”, es apreciable
incluso sin tener que entrar al museo. Existe una brecha inmensa entre lo común
de nuestra naturaleza y lo presente dentro de la casa museo Otraparte. Se
demuestra en el hecho de que se distancia a la ciudad y todo lo que pueda
“contaminar” el ambiente, del sitio donde están plasmadas todas las obras. Se
crea una frontera imaginaria que impide que habitantes con determinadas
características, accedan al arte.
“La sorpresa es el
móvil de cada descubrimiento” Cesare Pavese…
BIBLIOGRAFÍA
-Mandoki, K. Los laberintos de la estética. En:
Prosaica. Introducción a la estética de lo cotidiano.pp.23-58.
-Mandoki, K. De la estética a la prosaica. En:
Prosaica. Introducción a la estética de lo cotidiano.pp.61-82.
-Introducción a la historia de la fealdad. La
vanguardia y el triunfo de lo feo. Lo feo hoy. En: Eco, h. Historia de la
fealdad. Barcelona: Lumen S.A., 2004.pp.9-20; 365-388; 421-438.